Abajo el Patriarcado y arriba las que luchan

De las selvas de Chiapas a las montañas de Kurdistán. Del cono sur a la India. El levantamiento popular contra el patriarcado se da en todo el mundo. Hartas de miles de años de dominación masculina, las mujeres del mundo han constituido una fuerza social mundial que sienta las bases para un cambio de paradigma. Esta es la verdadera fuerza de los feminismos, su capacidad de proyectar otras formas de vida y la necesidad de una transformación radical para que estas puedan existir. Porque el feminismo no habla solo de las injusticias contra las mujeres, la eterna asimilación del trabajo invisibilizado, menospreciado y asimilado por los distintos sistemas políticos que han existido. El feminismo pone la reproducción de la vida en el centro de las necesidades a resolver y de ahí derivan las ideas de cuidados, comunidad, respeto a la naturaleza, desmercantilización y construcción de un mundo nuevo.

La coyuntura actual del sistema-mundo es inquietante. Las fuerzas políticas autoritarias y fascistas toman posiciones y ganan terreno. Las guerras convencionales siguen su curso en Yemen o Siria, mientras que otras formas de guerra se suceden de forma cotidiana a través de la economía mundial. El cambio climático sigue su curso con escenarios futuros cada vez más peligrosos. El triunfo de la ideología de las clases medias nos ha traído hasta este lugar. Un mundo sustentado en el individualismo, el crecimiento, el mercado, el nacionalismo y el Estado.

Es el movimiento feminista quien a día de hoy está liderando la oposición a este viejo mundo. La articulación de la rabia frente al patriarcado se ha consolidado como un movimiento político autónomo, arraigado en el territorio, con proyección desde la escala local a la transnacional, con propuestas en todas las facetas de la vida cotidiana. Un movimiento que es político, pero que también es cultural y está modificando tantas prácticas del día a día. La articulación en torno a la huelga feminista del 8 de marzo es una muestra de la fuerza de esta nueva ola feminista. Pero también es una muestra de nuestras limitaciones como movimiento revolucionario.

Quienes aspiramos a construir una sociedad democrática más allá del Estado y el Capitalismo debemos trabajar por la autonomía de todo movimiento y por la articulación de la diversidad de movimientos de las clases populares en un proyecto común. El peligro de la asimilación y cooptación de un movimiento siempre estará latente y ya vemos muestras de ello cuando partidos e instituciones intentan controlar lo que no controlan, ya que el hecho de que no lo controlen es un peligro y una potencialidad.

Sabemos que ninguna ley acabará con el Patriarcado. Las habrá que mejoren nuestras condiciones de vida, y habrá que pelearlas. Pero si realmente aspiramos a construir un modelo de vida más allá del Patriarcado, debemos constituir una fuerza social que impugne la triada Estado-Capitalismo-Patriarcado, una fuerza que construya una comunidad de intereses y material que reproduzca otra forma de vida: cooperativas, grupos de consumo, centros sociales, espacios de mujeres, sindicatos… todo un magma político que debe trabajar en común si aspira a tener éxito.

Desde Apoyo Mutuo celebramos el auge del movimiento feminista y apostamos por el feminismo como una fuerza matriz en cualquier proceso de transformación social. Porque no hay revolución sin revolución de las mujeres: abajo el Patriarcado y arriba las que luchan.

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