Confederalismo y autodeterminación: la “España de la rabia y de la idea”

 “Suele decirse que el Estado-Nación se preocupa por el destino de la gente común. Esto no es verdad. Es, más bien, el gobernador nacional del sistema capitalista mundial, un vasallo de la modernidad capitalista, la cual está más profundamente enredada en las estructuras dominantes del capital de lo que solemos asumir. Es una colonia del capital. Sin considerar cuán nacionalista el Estado-Nación pueda presentarse, sirve en la misma medida a los procesos capitalistas de explotación”.

Abdullah Öcalan

La crisis de acumulación capitalista ha dado como resultado en el aspecto territorial español un aumento de las posturas independentistas, principalmente en Catalunya desde 2012, tema que sigue sin resolverse ya que el Estado no permite ejercer el derecho a la autodeterminación a sus partes integrantes. Apoyo Mutuo quiere dejar claro que este derecho debe ser reconocido y puesto en práctica por cualquier comunidad que forme parte del país, sin duda alguna, es inaceptable que la Constitución y resto de leyes se conviertan en un cerrojo en este y otros temas mientras que, en otros casos como los derechos sociales, sean normas de ciencia-ficción.
Dicho esto, entendemos que la batalla prioritaria no es replicar el Estado-Nación a otra escala, más o menos progresista. Menos cuando ese proceso está dominado por fuerzas derechistas o liberales. El reto es sustituirlo por un régimen democrático, una república obrera real en la que manden sus habitantes en pie de igualdad: con propiedad y toma de decisiones colectiva. Es necesario un proceso constituyente. El proceso constituyente no es un grupo de hombres burgueses de edad avanzada llenando papeles que garanticen la dictadura del dinero durante décadas, sino un auténtico y genuino procedimiento en el que la clase trabajadora, la que sostiene el país, establezca la forma democrática con la que nos autogobernemos. No queremos una “transición” como la que ya vivimos, queremos una transición real.
En ese proceso constituyente tendremos que abordar también la forma territorial a adoptar. En este sentido, planteamos:
  • Soberanía. Un proyecto democrático es absolutamente incompatible con formas supraestatales hechas al servicio del proyecto político de los magnates y potentados. La ruptura con la Eurozona y la Unión Europea son condición indispensable si se quiere hablar de soberanía, frente a buena parte de lo que considera el patrioterismo actual. Esta declaración no equivale a aislacionismo: frente al capital global es difícil que un país por su cuenta pueda resistir, por lo que su federación con otros deberá llevarse a cabo en cuanto sea posible.
  • Confederalismo. El confederalismo democrático, como cualquier otro sistema, funcionará por niveles o escalas. Desde el municipio, pueblo o barrio al país, cada nivel tendrá su autonomía, marcada siempre por la decisión colectiva en sus líneas generales. Por supuesto, cada nivel de asociación debe ser creado por sus integrantes, y no desde despachos. La descentralización tendrá un papel crucial, pero también es necesario ser conscientes de que los niveles más altos tendrán su importancia para marcar normas comunes de obligado cumplimiento. Estas normas deberían servir para garantizar el equilibrio territorial entre zonas con más y menos recursos, así como para salvaguardar unos mínimos que los niveles inferiores tuvieran libertad para aumentar o mejorar.
  • Derecho de autodeterminación. Estamos convencidos y convencidas de que un proyecto de país que pueda solucionar los problemas sociales que sufrimos, como el que intentamos trazar desde aquí, será lo suficientemente atractivo como para que todo su pueblo quiera formar parte de él. Sin embargo, también existe la posibilidad de que haya territorios que no deseen formar parte de la confederación y emprender su camino por su cuenta. Si defendemos la autodeterminación bajo el lamentable orden de cosas, también lo defenderemos cuando manden los ahora explotados. Por lo tanto, la confederación deberá establecer un protocolo adecuado para que esa decisión se pueda tomar en el territorio correspondiente y para que la desconexión, de darse, se haga de forma razonable para ambas partes.
Son, estas tres líneas políticas, un pequeño intento de empezar a combatir las visiones derrotistas sobre una presunta inmutabilidad negativa de este país, y regalárselo como siempre a “esa España inferior que ora y bosteza”. Frente a ella estaba, y está y estará más todavía, como también decía Machado: la España de la rabia y de la idea.

3 Comments

  1. “La crisis de acumulación capitalista” ¿Es es vuestro diagnóstico de la situación? ¿No será más bien una crisis de civilización, como defiende entre otros el manifiesto Última Llamada? http://www.ultimallamada.org

  2. “Es necesario un proceso constituyente.” Otros abogan, con muy análogos objetivos a los que después describís, por un proceso DEStituyente: http://www.15-15-15.org/webzine/2015/12/03/proceso-desconstituyente-y-autogobierno-comunitario/

  3. De alguna manera se debería aludir a los procedimientos para garantizar la igualdad de los ciudadanos, política, en materia de servicios, y económica. No puede haber democracias efectiva, mientras los habitantes no tengan los mismos recursos a su disponsici´n, la misma pasta, en suma.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.