De la confluencia a la articulación multisectorial

Las movilizaciones de estos últimos años han puesto sobre la mesa problemáticas que afectan a diferentes ámbitos sociales: el trabajo, la vivienda, los servicios públicos (agua, Sanidad, Educación…), la energía, el medio ambiente… La respuesta a dichos problemas ha surgido de la sociedad en forma de movimientos diversos, participativos, democráticos y con la acción colectiva como bandera; pero que salvo honrosas excepciones no han superado sus ámbitos de actuación específicos. Esta sectorialidad es una debilidad que impide abordar los problemas como un todo y plantear respuestas en conjunto.

Lo cierto es que dichas luchas encuentran un denominador común en la raiz de sus reivindicaciones: el capitalismo. Un modelo de organización social que parte de la segregación por clases entre quienes trabajan para poder vivir y quienes se enriquecen del trabajo ajeno. Las experiencias multisectoriales, que serían aquellas que trascienden las luchas específicas tomando en consideracion los diferentes ámbitos, tienen la capacidad de plantear otro proyecto de sociedad, elaborando en positivo y pasando a la ofensiva frente al capitalismo neoliberal que lleva imponiéndose desde los 70. La multisectorialidad implica ver cada conflicto como una expresión particular del objetivo de acabar con el capitalismo para instaurar un sistema de democracia política y económica.

La multisectorialidad es, por tanto, un punto esencial en la construcción del poder popular. La hemos visto reflejada timidamente en espacios como las Marchas de la Dignidad o las Mareas Ciudadanas. Sin embargo, la dificultad de plantear hojas de ruta más allá de episodios concretos en forma de manifestaciones masivas ha impedido el convertir estas coordinaciones en auténticos gérmenes de instituciones populares. Sin embargo, la confluencia no ha conseguido ser lo suficientemente cohesionada y duradera como para que el movimiento popular se establezca como un agente público reconocible. Ha fallado la capacidad de sumar conflictos para multiplicar las posibilidades de avance del poder de la calle. Además, los recursos humanos volcados en el aparato estatal han contribuido a menguar la capacidad de presión de la calle.

La idea de la articulacion multisectorial sería el tratar de superar la coordinación para la movilización por la constitución de estructuras que traten de suplir las necesidades tanto de los movimientos (la dotación de infraestructuras, medios de comunicación u órganos antirrepresivos comunes) como para el conjunto de las clases populares (fomentando el consumo colectivo de bienes y servicios o haciendo cumplir las demandas sociales en materia de vivienda, sanidad o educación). Contamos con un buen semillero en algunos Centros Sociales de barrio donde existe un grupo de consumo, se reúne la asamblea de vivienda, el grupo de mujeres del barrio, se reparte el periódico alternativo o se da apoyo escolar a jóvenes. Estos espacios permiten una confluencia natural entre los activistas de los distintos frentes sectoriales, dando la posibilidad de trabajar de forma conjunta y mejorar, en este caso concreto, la capacidad del movimiento para transformar su barrio.

Para comenzar una articulación de las luchas en este sentido habría que empezar por definir cuáles son los frentes de lucha existentes y cuál es su grado de desarrollo. Algunas claves que podríamos apuntar serían:

Vivienda. La lucha con mayor capacidad movilizadora en la actualidad. La capacidad de respuesta de las PAH y asambleas de vivienda ha sido un ejemplo a escala mundial. Ha demostrado la capacidad del movimiento popular para organizarse, impedir desahucios, dar apoyo a las familias, poner un tema en el debate público y presionar a las élites de forma efectiva. Ante el nuevo escenario de ayuntamientos más “amigables”, la estrategia quizás deba cambiar. Derechos de los alquileres, gestión de cooperativas de vivienda o la regulación de precios, serían algunas ideas.

Servicios Públicos. Sanidad y educación han vivido las luchas más relevantes, pero también han tenido eco las reformas que limitan el acceso a la justicia gratuita o las privatizaciones de la gestión del agua. Vemos que son cuestiones transversales que atraviesan edades, géneros y necesidades, pero con el común de que los recortes a quienes afectan son a los sectores trabajadores y con menor renta económica.

Vecinal. La densidad asociativa ha aumentado, los centros sociales o ateneos también. Los barrios se vuelven a mostrar como un agente colectivo con sus propios ritmos y demandas. Profundizar en las relaciones comunitarias y aumentar el tejido social de los barrios es fundamental para construir una base social favorable a nuestras luchas.

Campo y rural. Pecamos de centrar nuestra atención en las grandes urbes, pero las experiencias de producción alternativas que se están dando en los entornos rurales son una muestra más de cómo construir un camino para la transformación social. Cooperativas agrícolas que ofrezcan sus servicios a grupos de consumo urbanos es una práctica en auge.

Antirrepresivo. Un ciclo de luchas sociales conlleva niveles de represión inauditos. Tenemos infinidad de multados por acciones colectivas, condenas a prisión y juicios para todos los gustos. Aun así, seguimos sin contar con una entidad antirrepresiva que, por lo menos, tenga un listado de personas represaliadas por su actividad política.

Feminismos. Otra de las luchas que con más fuerza ha irrumpido en esta última etapa ha sido la lucha por la igualdad de los diversos géneros, así como por las libertades sexuales y reproductivas de las mujeres. El derecho al aborto ha sido defendido por una Marea Violeta que además ha conseguido permear en el resto de movimientos, haciendo evidente que la cuestión de género es algo transversal.

Laboral. No podemos olvidar el mundo del trabajo. A pesar del inmovilismo y el pactismo del sindicalismo de concertación, hemos visto grandes luchas parciales como las de los técnicos de telefónica, Panrico, Coca-Cola o los trabajadores de Madrid-Río. El trabajo sigue siendo un campo de batalla fundamental, donde el activismo social aún ha sido incapaz de penetrar de forma efectiva.

Quienes apostamos por la transformación social somos conscientes de que las luchas aisladas no son suficientes: hace falta una estrategia y un horizonte común que permita que la solidaridad de palabra entre luchas se convierta en hechos. Habría que apostar por la redacción de un pliego de demandas que aglutinaran las principales reivindicaciones de cada entorno, dando un sentido común a las diferentes luchas, algo por lo que pudiéramos pelear todas juntas.

Otro hecho relevante que pudimos ver hace relativamente poco, en la última campaña electoral, fueron “las 5 de la PAH”, 5 demandas concretas desde el movimiento de la vivienda, que tuvo tanto éxito que otros movimientos lo replicaron apareciendo de una forma semiespontánea “las 5 de la Marea Verde”, “las 5 de la Marea Blanca” o “las 5 de No Somos Delito”. Esto demuestra una vez más la necesidad real de un proyecto común entre los movimientos. Daremos un gran paso cuando esta creatividad espontánea se traduzca en demandas comunes defendidas mediante la organización popular.

2 Comments

  1. Me parece una excelente reflexión, que comparto por completo. La voy a difundir en la medida de mis posibilidades y a través de medios que pueden hacerse eco de ella y apoyarla. Por ejemplo, la revista El Viejo Topo http://www.elviejotopo.com/,blogs y medios digitales alternativos, twitter…

  2. cometí un error al poner la url en el comentario realizado. La url de El Viejo Topo es: http://www.elviejotopo.com/ Gracias y disculpas. Víctor

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