Tiempos de elecciones: del Brexit al 26J

Compartimos en castellano y traducimos al galego en nuestra web el lúcido análisis de nuestras compañeras de Embat tras el triunfo del Brexit en el Reino Unido y la celebración de las elecciones del 26-J en el Estado español, análisis publicado originalmente en su página web a fecha de 27 de junio de 2016.

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La situación política en Europa se está calentando últimamente debido a varios resultados electorales imprevistos por el establishment neoliberal. La crisis económica se eterniza, se hace crónica, se retroalimenta con otras crisis y esto tiene consecuencias políticas como la alta volatilidad que afecta a todo el continente europeo. Vivimos una época de auge de los llamados «populismos» que arrastran el voto de las clases populares, cómo hemos podido ver a las elecciones austríacas (con buenos resultados del neofascismo) o italianas (con la alcaldía de Roma ganada por el Movimento 5 Stelle), e incluso a la campaña norteamericana (con la elección de Donald Trump como candidato del partido republicano). Esta situación se está haciendo habitual y ya vivimos cada elección parlamentaria de susto en susto. Los últimos ejemplos han sido Reino Unido y España, de los cuales haremos un breve análisis.

El ‘Brexit’

El pasado 23 de junio el Reino Unido votó salir de la Unión Europea. El ‘shock’ ha sido tremendo y las consecuencias políticas todavía están por estudiarse completamente. De momento, el primer ministro Cameron ha tenido que renunciar, y se esperan nuevos referéndums de independencia en Escocia y en Irlanda del Norte, que votaron mayoritariamente a favor de permanecer a la UE en contra de ingleses y galeses, partidarios de marcharse.

El laborismo cometió el gran error histórico de estar a favor del ‘Brexit’ durante años (como mínimo una parte sustancial del laborismo) y, a la hora de la campaña, defender la permanencia en Europa. El error ha sido mayúsculo, puesto que la campaña para marchar de la UE quedó en manos de la extrema derecha y el sector euroescéptico del Partido Conservador que utilizaron la inmigración y los refugiados como argumento. El neofascismo de toda Europa ha celebrado como propia la victoria del ‘Brexit’ y reclaman nuevos referéndums en sus respectivos estados (Holanda, Francia, Dinamarca, Austria…).

En este sentido son las clases populares (las de menor renta, de más edad, de las zonas rurales, las de las áreas industriales desmanteladas) las que han votado a favor de irse. Culpan el neoliberalismo europeo de su situación. Ya han vivido la destrucción de sus comunidades industriales en los ochenta y ahora piensan que abandonando la UE podrán detener el poder de la City londinense y de la euroburocracia de Bruselas. En un mundo globalizado la reivindicación de la soberanía política y económica aparece de nuevo a la agenda política.

No es casual que las clases populares voten a la ultraderecha en Austria y el ‘Brexit’ en Inglaterra. Es consecuencia directa del abandono de las izquierdas de su programa histórico de bienestar social (socialistas y laboristas) y de transformación social (comunistas y ecologistas): Las izquierdas se hicieron liberales y ahora lo pagan muy caro. Mientras tanto, la extrema derecha está ocupando poco a poco su lugar y las izquierdas que reaccionan y vuelven a defender programas socialdemócratas (o socio-liberales) llegan tarde, o al menos tendrán que esperar, como demuestran las elecciones españolas.

En Embat tenemos claro que cualquier proyecto de transformación social pasa, inevitablemente, por la ruptura con la Unión Europea. El marco político y económico europeo, sirve única y exclusivamente a los intereses neoliberales de las élites europeas, las cuales pretenden someter a los pueblos del mundo a la hegemonía financiera en todos los ámbitos. La pérdida de soberanía del pueblo es directamente proporcional al avance de este modelo social. Por lo tanto, para superar sus contradicciones, hay que romper con los organismos políticos que lo sustentan. El debate no tiene que estar alrededor de las políticas migratorias y los refugiados, sino alrededor de la recuperación de las soberanías y los derechos sociales, y si la izquierda no se hace protagonista dentro de esta oleada de ruptura, este espacio será ocupado por la extrema derecha, cosa que hace de la lucha contra la UE un punto de primer orden en la agenda política.

Las elecciones generales

Después de un largo año electoral, Podemos creía que podría desbancar el PSOE para obligarlo a construir un gobierno realmente «de izquierdas», de cambio, que en la práctica es hoy en día social-liberal (o de capitalismo con «rostro humano»). Las encuestas daban a entender que esta posibilidad era muy plausible y que entre los dos partidos podrían conformar un gobierno alternativo al del Partido Popular.

El resultado ha sido decepcionante para Podemos dado que las urnas han apoyado al Partido Popular, que ha logrado mejores resultados que en diciembre, recuperando votos de Ciudadanos, que ha bajado. Además, Podemos no ha podido hacer el famoso «sorpasso» y el PSOE ha resistido con fuerza. Para Podemos estas elecciones son una derrota política, a pesar de tener 5 millones de votos.

Como hemos podido comprobar en estas elecciones, la hegemonía cultural no se cambia en 2 años. Se necesitan más años de trabajo de hormiga para lograr un cambio político y cultural a gran escala. Aquí tiene mucho que ver la gran capacidad demostrada de los partidos del “Régimen del 78” (sobre todo del PP y del PSOE, pero también de CDC y PNV) de arrastrar el voto de la gente mayor. Esta gente es generalmente fiel a su partido de referencia pase lo que pase. Ni los escándalos de corrupción, ni la crisis, ni el paro han causado impacto en el apoyo de millones de personas a los partidos mayoritarios. Pero no es que estén a favor de todo lo que hace su partido en el poder. Mucha gente es muy crítica y, sin embargo, vota para que no gane el otro.

En el caso español vemos que una gran parte del apoyo al Partido Popular viene de gente que no quiere ver un gobierno de Unidos Podemos (UP). El consenso, el «sentido común» arraigado es que un gobierno como el PP, liberal y «moderado» (sí, mucha gente considera el PP como moderado), puede sacar al Estado Español de la crisis y que un gobierno de UP puede provocar un desastre económico. La corrupción pasa a ser un mal menor, un precio a pagar para que el sistema liberal funcione. El mapa electoral nos da un predominio del Partido Popular en el mundo rural y entre la gente mayor, un predominio del PSOE en las áreas industriales y mineras y en el sur de España, y victorias de Podemos y sus confluencias en muchos municipios de Euskal Herria y Cataluña y entre la gente joven y urbana, repitiendo la dinámica de las elecciones generales de diciembre.

En el caso concreto de Cataluña este 26J se puede leer como una doble ruptura con el modelo del ’78: una parte de los votos han sido en clave independentista y otra parte en clave de profundizar en un cambio social profundo. Estas dos visiones quedaron representadas el 26J respectivamente por ERC y En Común Podem (ECP), y resumen la dirección que tomaron las luchas populares en nuestra tierra: el proceso soberanista y la cuestión social. Y estas dos visiones han derrotado al partido de la burguesía catalana, CDC, cosa que nos indica el apoyo ciudadano a los cambios de paradigma que representan estos partidos –si bien insuficientes e incompletos según nuestra opinión.

Un último apunte al respeto: las elecciones las ha ganado el PP, pero la participación ha sido de un 69% del censo (65% en el caso de la CAC). Es importante tener en cuenta el abstencionismo porque es una muestra de la falta de confianza en el sistema electoral que no puede ser menospreciada. Se habla mucho del 15M y también de las ventanas de oportunidad abiertas por las elecciones municipales y la irrupción de Podemos, pero, aun así, el porcentaje de abstención continúa siendo casi el mismo del de los ciclos electorales anteriores al 15M. La crisis de representatividad continúa viva y latente por lo tanto.

El abstencionismo nos habla de descrédito, de desvinculación, de causas estructurales que no están siendo atendidas y que provocan una distancia de estos segmentos de población respeto los debates que se mueven en el campo de la escena política electoral. Nos habla también que la asunción de la entrada a las instituciones deja atrás a gran parte de la población.

Las elecciones, en cierta medida, nos sirven para ver cómo de lejos estamos de entender como sociedad que las cosas no cambian sólo con partidos políticos. Es más, pensamos que ellos no tienen que ser el epicentro de la acción y del cambio.

El efecto Podemos

Podemos empezó a acumular fuerzas gracias a su aparición en los grandes medios de comunicación justo al día siguiente de las Marchas de la Dignidad del 22M (22 de marzo de 2014). Las Marchas habían conseguido juntar a 1 millón de personas en las calles de Madrid. Se habían dotado de un programa reivindicativo bastante avanzado. Pero al irrumpir Podemos en las elecciones europeas todo aquello se detuvo y derivó hacia la campaña electoral. Además, hemos tenido casi dos años seguidos de citas electorales. Podemos y sus confluencias fueron capaces de recoger los restos del movimiento 15M y darle proyección electoral. Pero, en vez de construir un movimiento popular, han contribuido a vaciar las calles a la espera de buenos réditos electorales que no llegan.

Si Podemos ha llegado para quedarse, como dice Errejón, todavía tiene que encajar el bajón de más de un millón de votos. Como algunas de sus figuras, por ejemplo Monedero, ya afirman, tienen que volver a trabajar desde la calle para cambiar las hegemonías, coincidiendo en ello con quienes estamos a favor de trabajar desde los movimientos populares. Las hegemonías no se han podido cambiar desde los platós de TV, puesto que para mucha gente un triunfo de Podemos le parece poco menos que un triunfo del caos. Ésta ha sido la razón del profundo giro hacia el centro del partido en los últimos meses. Cada declaración estaba dirigida a tranquilizar y atraerse un electorado miedoso, cosa que hemos visto que no han conseguido, abandonando identidades de izquierdas y partes importantes de su programa de otros tiempos.

Una de las lecciones principales del 15M era que la ciudadanía tiene capacidad, tiene poder –poder popular. Por lo tanto, la clave estaba en el empoderamiento. ¿Dónde está este empoderamiento? ¿Qué nos queda de aquellos días? ¿Delegar todo el trabajo del cambio en las fuerzas políticas afines? De ser así, ¿hasta qué punto no se está incurriendo en las dinámicas de la Transición, y por lo tanto, repitiendo errores?

Conclusiones

Nos encontramos con un hecho claro: hay regiones de Europa con una identidad nacional fuerte (Cataluña, Euskadi, Escocia, Irlanda del Norte, Córcega, Bretaña…) que últimamente se están convirtiendo en un freno a la victoria del neofascismo a la vez que apoyan electoralmente un liberalismo “light” o un retorno a la socialdemocracia. Hay que tener en cuenta esta situación puesto que todavía no tenemos en Europa un proyecto paneuropeo de izquierdas que anime a las clases populares y cambie la dinámica derrotista que nos está llevando hacia un triunfo inexorable de la extrema derecha.

También, como contrapunto al anterior argumento, podemos ver que hay unos nacionalismos centralistas profundamente hostiles a la idea descentralizadora (ya sea independencia, ya sea federalismo). No es poca la catalanofobia existente entre las clases populares españolas. Esto provoca que no tenga ningún coste electoral espiar e inventar pruebas contra los responsables del 9N.

Ésta es la España irreformable que comenta ERC con objeto de atraer a En Comú Podem hacia la idea de un Referéndum Unilateral de Independencia. Pero no le falta razón. Si todo el mundo entiende perfectamente que Escocia celebre un nuevo referéndum de independencia para marcharse de un Reino Unido que ha tomado una decisión a su parecer equivocada, ¿por qué no van Cataluña o Euskadi a celebrar otros referéndums para irse de una España que apoya mayoritariamente al PP pase lo que pase? ¿Querrá ECP apostar en Cataluña por la soberanía intentando que el Proceso deje de depender de CDC, o preferirá sustituir al PSC y poco más? En las últimas elecciones ECP y ERC han superado CDC, cosa que puede influir el Proceso.

A la espera de un posible movimiento europeo de izquierdas, continental, que construya una nueva identidad europea afín a las clases populares, no sería extraño que las naciones sin Estado sean el último refugio de la lucha contra el neoliberalismo europeo unificador, a pesar de paradójicamente tener gobiernos liberales (Scottish National Party, Junts pel Si, Partido Nacionalista Vasco). Es dentro de estos territorios donde tendrá más probabilidades de ser aceptada la idea de una soberanía popular contra la globalización del capital. Al fin y al cabo, el relato de la independencia está construido sobre las mejoras sociales: la independencia ya no tiene que ser una simple finalidad en sí misma sino un medio para una mejora social de verdad.

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¿Cómo cambiamos esta dinámica desde nuestras fuerzas?

Volviendo a nuestra pequeña realidad, desde Embat hemos dicho muchas veces que queremos un gran movimiento popular que sea un actor político y social a escala general. Sin este nuevo actor las clases populares y los movimientos sociales estaremos huérfanos de una representación propia que obedezca a nuestros intereses. Al contrario, si no construimos este movimiento popular fuerte y autónomo, si seguimos actuando descoordinadamente y cada cual por su lado siempre habrá partidos políticos que intentarán representarnos y que nos harán bailar a su ritmo.

En Francia se está librando una amplia guerra social desde el mes de marzo. Por un lado, el gobierno socialista imponiendo la política del austericidio y los recortes y, por el otro, un potente movimiento social y sindical que se niega a ser derrotado. Cada semana se libran importantes batallas de esta guerra. Éste es un modelo muy positivo de un movimiento popular autónomo con agenda propia. Si ganara, tendría posibilidades de instalar en el imaginario europeo una alternativa a la extrema derecha. La lucha de clases y la defensa de las soberanías y las libertades son ahora mismo claves en la construcción del nuevo sujeto de cambio.

Los movimientos sociales de Cataluña tenemos que ser bastante maduros para afrontar la situación y avanzar en nuestra lucha, puesto que sólo de esta forma podremos crear un pueblo fuerte con capacidad de impulsar nuestros intereses mediante el poder popular. La hegemonía cultural de la derecha la combatiremos construyendo este poder popular a pie de calle, en cada pueblo y cada barrio. No buscamos atajos electorales para lograr una mayoría social favorable a un cambio social. Sólo el pueblo salva el pueblo.

Embat, 27 de junio 2016

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GALEGO

Tempos de eleccións: ao Brexit ao 26X

A situación política en Europa está a quentarse ultimamente debido a varios resultados electorais imprevistos polo establishment neoliberal. A crise económica eternízase, faise crónica, retroaliméntase con outras crises e isto ten consecuencias políticas como a alta volatilidade que afecta a todo o continente europeo. Vivimos unha época de auxe dos chamados «populismos» que arrastran o voto das clases populares, como puidemos ver ás eleccións austríacas (con bos resultados do neofascismo) ou italianas (coa alcaldía de Roma gañada polo Movimento 5 Stelle), e mesmo á campaña norteamericana (coa elección de Donald Trump como candidato do partido republicano). Esta situación está a facerse habitual e xa vivimos cada elección parlamentaria de susto en susto. Os últimos exemplos foron Reino Unido e España, dos cales faremos unha breve análise.

O ‘Brexit’

O pasado 23 de xuño o Reino Unido votou saír da Unión Europea. O ‘shock’ foi tremendo e as consecuencias políticas aínda están por estudarse completamente. De momento, o primeiro ministro Cameron tivo que renunciar, e espéranse novos referendos de independencia en Escocia e en Irlanda do Norte, que votaron maioritariamente a favor de permanecer á UE en contra de ingleses e galeses, partidarios de marcharse.

O laborismo cometeu o gran erro histórico de estar a favor do ‘Brexit’ durante anos (como mínimo unha parte substancial do laborismo) e, á hora da campaña, defender a permanencia en Europa. O erro foi maiúsculo, posto que a campaña para marchar da UE quedou en mans da extrema dereita e o sector euroescéptico do Partido Conservador que utilizaron a inmigración e os refuxiados como argumento. O neofascismo de toda Europa celebrou como propia a vitoria do ‘Brexit’ e reclaman novos referendos nos seus respectivos estados (Holanda, Francia, Dinamarca, Austria?).

Neste sentido son as clases populares (as de menor renda, de máis idade, das zonas rurais, as das áreas industriais desmanteladas) as que votaron a favor de irse. Culpan o neoliberalismo europeo da súa situación. Xa viviron a destrución das súas comunidades industriais nos oitenta e agora pensan que abandonando a UE poderán deter o poder da City londiniense e da euroburocracia de Bruxelas. Nun mundo globalizado a reivindicación da soberanía política e económica aparece de novo na axenda política.

Non é casual que as clases populares voten á ultradreta en Austria e o ‘Brexit’ en Inglaterra. É consecuencia directa do abandono das esquerdas do seu programa histórico de benestar social (socialistas e laboristas) e de transformación social (comunistas e ecoloxistas): As esquerdas fixéronse liberais e agora págano moi caro. Mentrestanto, a extrema dereita está a ocupar pouco a pouco o seu lugar e as esquerdas que reaccionan e volven defender programas socialdemócratas (ou socio-liberais), chegan tarde ou polo menos terán que esperar, como demostran as eleccións españolas.

En Embat temos claro que calquera proxecto de transformación social pasa, inevitablemente, pola ruptura coa Unión Europea. O marco político e económico europeo, serve única e exlusivamente aos intereses neoliberais das elites europeas, as cales pretenden someter aos pobos do mundo á hexemonía financeira en todos os ámbitos. A perda de soberanía do pobo é directamente proporcional ao avance deste modelo social. Por tanto, para superar as súas contradicións, hai que romper cos organismos políticos que o sustentan. O debate non ten que estar ao redor das políticas migratorias e os refuxiados senón ao redor da recuperación das soberanías e os dereitos sociais e se a esquerda non se fai protagonista dentro desta onda de ruptura, este espazo será ocupado pola extrema dereita, cousa que fai da loita contra a UE un punto de primeira orde na axenda política.

As eleccións xerais

Despois dun longo ano electoral Podemos cría que podería desbancar o PSOE para obrigalo a construír un goberno realmente «de esquerdas», de cambio, que na práctica é hoxe en día social-liberal (ou de capitalismo con «rostro humano»). As enquisas daban a entender que esta posibilidade era moi plausible e que entre os dous partidos poderían conformar un goberno alternativo ao do Partido Popular.

O resultado foi decepcionante para Podemos dado que as urnas apoiaron o Partido Popular que logrou mellores resultados que en decembro, recuperando votos de Ciudadanos, que baixou. Ademais, Podemos non puido facer o famoso «sorpasso» e o PSOE resistiu con forza. Para Podemos estas eleccións son unha derrota política, a pesar de ter 5 millóns de votos.

Como puidemos comprobar nestas eleccións, a hexemonía cultural non se cambia en 2 anos. Necesítanse máis anos de traballo de formiga para lograr un cambio político e cultural a gran escala. Aquí ten moito que ver a gran capacidade demostrada dos partidos do “Réxime do 78” (abrigo do PP e do PSOE, pero tamén de CDC e PNB) de arrastrar o voto da xente máis maior. Esta xente é xeralmente fiel ao seu partido de referencia pase o que pase. Nin os escándalos de corrupción, nin a crise, nin o paro causaron impacto no apoio de millóns de persoas aos partidos maioritarios. Pero non é que estean a favor de todo o que fai o seu partido ao poder. Moita xente é moi crítica, e con todo, vota para que non gañe o outro.

No caso español vemos que unha gran parte do apoio ao Partido Popular vén de xente que non quere ver un goberno de Unidos Podemos (UP). O consenso, o «sentido común» arraigado, é que un goberno como o PP, liberal e «moderado» (si, moita xente considera o PP como moderado), pode sacar o Estado Español da crise e que un goberno de UP pode provocar un desastre económico. A corrupción pasa a ser un mal menor, un prezo para pagar para que o sistema liberal funcione. O mapa electoral dános un predominio do Partido Popular no mundo rural e entre a xente maior, un predominio do PSOE nas áreas industriais e mineiras e no sur de España, e vitorias de Podemos e as súas confluencias en moitos municipios de Euskal Herria e Cataluña e entre a xente nova e urbana, repetindo a dinámica das eleccións xerais de decembro.

No caso concreto de Cataluña este 26X pódese ler como unha dobre ruptura co modelo do ’78: unha parte dos votos foron en clave independentista e outra parte en clave de ir cara un cambio social profundo. Estas dúas visións quedaban representadas o 26X respectivamente por ERC e En Comú Podem (ECP), e resumo a dirección que tomaron as loitas populares na nosa terra: o proceso soberanista e a cuestión social. E estas dúas visións derrotaron ao partido da burguesía catalá, CDC, cousa que nos indica o apoio cidadán aos cambios de paradigma que representan estes partidos – aínda que insuficientes e incompletos segundo a nosa opinión.

Un último apuntamento ao respecto: as eleccións gañounas o PP, pero a participación foi dun 69% do censo (65% no caso da CAC). É importante ter en conta o abstencionismo porque é unha mostra da falta de confianza no sistema electoral que non pode ser menosprezada. Fálase moito do 15M e tamén das xanelas de oportunidade abertas polas eleccións municipais e a irrupción de Podemos, pero aínda así, a porcentaxe de abstención continúa sendo case o mesmo do dos ciclos electorais anteriores ao 15M. A crise de representatividade continúa viva e latente por tanto.

O abstencionismo fálanos de descrédito, de desvinculación, de causas estruturais que non están a ser atendidas e que provocan unha distancia destes segmentos de poboación respecto os debates que se moven no campo da escena política electoral. Fálanos tamén que na asunción da entrada ás institucións deixan atrás grande parte da poboación.

As eleccións, en certa medida, sérvennos para ver como de lonxe estamos de entender como sociedade que as cousas non cambian só con partidos políticos. É máis, pensamos que eles non teñen que ser o epicentro da acción e do cambio.

O efecto Podemos

Podemos empezou a acumular forzas grazas á súa aparición nos grandes medios de comunicación xusto ao día seguinte das Marchas da Dignidade do 22M (22 de marzo de 2014). As Marchas conseguiran xuntar 1 millón de persoas ás rúas de Madrid. Dotáronse dun programa reivindicativo bastante avanzado. Pero ao irromper Podemos nas eleccións europeas todo aquilo detívose e derivaría cara á campaña electoral. Ademais, tivemos case dous anos seguidos de citas electorais. Podemos e as súas confluencias foron capaces de recoller os restos do movemento 15M e darlle proxección electoral. Pero, no canto de construír un movemento popular contribuíron a baleirar as rúas á espera de bos réditos electorais que non chegan.

Se Podemos chegou para quedar, como di Errejón, aínda ten que encaixar o baixón de máis dun millón de votos. Como algunhas das súas figuras, por exemplo Monedero, xa afirman, teñen que volver traballar desde a rúa para cambiar as hexemonías, coincidindo niso con quen estamos a favor de traballar desde os movementos populares. As hexemonías non se puideron mudar desde os estudios de TV, posto que para moita xente un triunfo de Podemos parécelle pouco menos que un triunfo do caos. Esta foi a razón do profundo xiro cara ao centro do partido nos últimos meses. Cada declaración estaba dirixida a tranquilizar e atraerse un electorado con medo, cousa que vimos que non conseguiron, abandonando identidades de esquerdas e partes importantes do seu programa doutros tempos.

Unha das leccións principais do 15M era que a cidadanía ten capacidade, ten poder – poder popular. Por tanto a clave estaba no apoderamento. Onde está este apoderamento? Que nos queda daqueles días? Delegar todo o traballo do cambio nas forzas políticas afíns? De ser así, ata que punto non se está incorrendo nas dinámicas da Transición, e por tanto, repetindo erros?

Conclusións

Atopámonos cun feito claro: hai rexións de Europa cunha identidade nacional forte (Cataluña, Euskadi, Escocia, Irlanda do Norte, Córsega, Bretaña…) que ultimamente se están convertendo nun freo á vitoria do neofascismo á vez que apoian electoralmente un liberalismo “light” ou un retorno á socialdemocracia. Hai que ter en conta esta situación posto que aínda non temos en Europa un proxecto paneuropeo de esquerdas que anime as clases populares e mude a dinámica derrotista que nos está levando cara a un triunfo inexorable da extrema dereita.

Tamén, como contrapunto ao anterior argumento, podemos ver que hai uns nacionalismos centralistas profundamente hostís á idea descentralizadora (xa sexa independencia, xa sexa federalismo). Non é pouca a catalanofobia existente entre as clases populares españolas. Isto provoca que non teña ningún custo electoral espiar e inventar probas contra os responsables do 9N.

Esta é a España irreformable que comenta ERC con obxecto de atraer a En Comú Podem cara á idea dun Referendo Unilateral de Independencia. Pero non lle falta razón. Se todo o mundo entende perfectamente que Escocia celebre un novo referendo de independencia para marcharse dun Reino Unido que tomou unha decisión ao meu parecer equivocado, porque non van Cataluña ou Euskadi a celebrar outros referendos para irse dunha España que apoia maioritariamente ao PP pase o que pase? Quererá ECP apostar en Cataluña pola soberanía tentando que o Proceso deixe de depender de CDC, ou preferirá substituír ao PSC e pouco máis? Nas últimas eleccións ECP e ERC superaron CDC cousa que pode influír o Proceso.

Á espera dun posible movemento europeo de esquerdas, continental, que constrúa unha nova identidade europea afín ás clases populares, non sería estraño que as nacións por autodeterminar sexan o último refuxio da loita contra o neoliberalismo europeo unificador, a pesar de paradoxalmente ter gobernos liberais (Scottish National Party, Junts pel Si, Partido Nacionalista Vasco). É dentro destes territorios onde terá máis probabilidades de ser aceptada a idea dunha soberanía popular contra a globalización do capital. Á fin e ao cabo o relato da independencia está construído sobre as melloras sociais: a independencia xa non ten que ser unha simple finalidade en si mesma senón un medio para unha mellora social de verdade.

Como cambiamos esta dinámica desde as nosas forzas?

Volvendo á nosa pequena realidade, desde Embat dixemos moitas veces que queremos un gran movemento popular que sexa un actor político e social a escala xeral. Sen este novo actor as clases populares e os movementos sociais estaremos orfos dunha representación propia que obedeza aos nosos intereses. Ao contrario, se non construímos este movemento popular forte e autónomo, se seguimos actuando descoordinadamente e cada cal polo seu lado sempre haberá partidos políticos que tentarán representarnos e que nos farán bailar ao seu ritmo.

En Francia está a librarse unha ampla guerra social desde o mes de marzo. Por unha banda o goberno socialista impondo a política do austericidio e os recortes e pola outra un potente movemento social e sindical que se nega a ser derrotado. Cada semana líbranse importantes batallas desta guerra. Este é un modelo moi positivo dun movemento popular autónomo con axenda propia. Se gañase tería posibilidades de instalar no imaxinario europeo unha alternativa á extrema dereita. A loita de clases e a defensa das soberanías e as liberdades son agora mesmo claves na construción do novo suxeito de cambio.

Os movementos sociais de Cataluña temos que ser bastante maduros para afrontar a situación e avanzar na nosa loita, posto que só desta forma poderemos crear un pobo forte con capacidade de impulsar os nosos intereses mediante o poder popular. A hexemonía cultural da dereita combaterémola construíndo este poder popular a pé de rúa, en cada pobo e cada barrio. Non buscamos atallos electorais para lograr unha maioría social favorable a un cambio social. Só o pobo salva o pobo.

Embat, 27 de xuño 2016


Enlace original en catalá: http://embat.info/temps-electoral-del-brexit-al-26j/

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