A vueltas con la memoria

“La memoria abre expedientes que la historia ha dado por archivados” 

Walter Benjamin

“No pretenden solo identificar a los abuelos asesinados por el franquismo
y darles una sepultura digna. De paso, quiéranlo o no, están haciendo un juicio
político al franquismo, a la Transición y la democracia que, sucesivamente,
ocultó, se desinteresó o tardó en entender el alcance de la
responsabilidad en una democracia” 

Manuel Reyes-Mate Rupérez

“Nuestras clases dominantes han procurado siempre que los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las otras cosas.” 

Rodolfo Walls

No cabe duda alguna de que conocer el pasado es necesario para poder forjar iniciativas en el presente que tengan una plasmación efectiva en el futuro. La pérdida de las referencias es una de las causas mas importantes que conducen a la desaparición de la identidad de cualquier movimiento político, quedando demostrado en aquellos grupos políticos que no tienen un antecendente claro y buscan en la historia modelos que les sirvan para aplicar en el presente. Lo que se llama una referencia.

Pero la Historia en este caso puede tener un peligro. O varios. Es muy fácil manipular el pasado histórico para adecuarlo a cuestiones del presente. Se suele caer constantemente en anacronismo. Unas veces son inconscientes pero en la mayoría de las ocasiones son intencionados. De igual modo se tiende a crear estructuras históricas para después rellenarla con datos. Una técnica historiográfica que en algunos momentos puede funcionar pero que en la mayoría de las ocasiones fracasa.

Pero llegado a este punto se debe y se tiene que hacer una distinción clara. Una cosa es la memoria y otra cosa es la historia. Y a pesar de que el termino “memoria histórica” ha hecho fortuna y por ello no vamos a dejar de utilizarlo, cabe señalar la incorrección del mismo.

Memorias hay muchas, podemos decir que hay una memoria por cada persona. Si por ejemplo hacemos una entrevista a un soldado del ejército republicano de la batalla del Ebro nos contará su recuerdo de lo que sucedió en esa batalla. Si luego se la hacemos a un soldados del ejército sublevado, nos ofrecerá una memoria distinta de un mismo acontecimiento. La memoria pues es múltiple y en este caso personal. También existen memorias colectivas, de acontecimientos que un grupo ha vivido y lo han dejado plasmado. Pero la historia en la historia. Los acontecimientos fueron los acontecimientos y en la gran mayoría de las ocasiones están en contradicción con las memorias. Por ello el término más acertado sería recuperación histórica tomando como uno de sus pilares las memorias.

Ahora bien, el término memoria histórica se ha extendido y es válido, entre otras razones porque en el estudio de la represión franquista los testimonios orales son de capital importancia. Los fascistas intentaron no dejar huella escrita de su actuación, dejando sin inscribir a muchas personas asesinadas en los registros civiles, destruyendo archivos o impidiendo su acceso a los investigadores en plena “democracia”. El llamado movimiento para la recuperación de la memoria histórica aúna varias cuestiones (o debería de aunarlas):

– Recuperación del pasado tras la victoria franquista en 1939.
– Trabajar contra el olvido intencionado por parte de instituciones y otros.
– Ser un movimiento con una posición política clara

El anarquismo ha tenido una ventaja respecto a otros movimientos políticos de cara a la recuperación histórica. Para los anarquistas fue imprescindible, tras la derrota de 1939, recuperar su pasado. Que no cayera en el olvido ante el terror que el régimen franquista impuso. Fueron años difíciles, años de plomo donde junto a ese intento de recuperación se enmarcaba también una dura política represiva y una división dentro del propio movimiento libertario que complicaron mucho más la situación. Algo que no mejoró tras la muerte de Franco.

A pesar de que existió un momento entre 1976 y 1981 donde se procedió a la exhumación de muchas fosas y se realizaron numerosos reportajes sobre la represión en distintos lugares de España, el golpe de Estado fallido de febrero de 1981 significó el enterramiento definitivo de una política activa de la memoria, que no se realizó desde las instituciones sino por el empuje de la sociedad civil. Se impuso la política explícita de Felipe González de construir sobre el olvido.

Sin embargo pequeñas asociaciones siguieron trabajando por la recuperación. Y también el movimiento libertario, que a través de asociaciones y organizaciones mantuvo vivo el recuerdo. El cambio de rumbo se comenzó a fraguar en el periodo 1999-2000, cuando se procedió a nuevas exhumaciones, siendo famosa la de Priaranza de Bierzo y el nacimiento de la Asociacion para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), posteriormente, en 2002, nacía la Federación Estatal de Foros por la Memoria,y en Andalucía el Grupo de Tabajo Recuperando la Memoria Histórica Social de Andalucía (RMHSA) y así un carrusel de asociaciones hasta nuestros días. Este empuje se frenó durante la segunda legislatura del Partido Popular, años 2000-2004, con el total apoyo del poder político, que ejecutó una fuerte ofensiva revisionista dirigida a contrarrestar el avance que se había producido en pro de la memoria histórica democrática.

En el 2004 con la llegada del PSOE al poder parecía que los partidos políticos autodenominados de izquierda, arrastrados por el tremendo trabajo realizado por el movimiento social memorialista, se habian dado cuenta de lo desastrosa que habia sido su política en materia de recuperación de la memoria histórica democrática al haberle hecho el juego, también en materia de cultura histórica, a la derecha y accedían, por fin, a realizar una política activa de memoria. Pero aunque Rodríguez Zapatero llevó a la memoria histórica al congreso, lo cierto es que la Ley que se aprobó en 2007 quedaba muy lejos de las reivindicaciones históricas de las asociaciones, incluso de la moderada ARMH.

La Ley de Memoria Histórica volvía a equiparar víctimas, hacía tábula rasa respecto al franquismo y consideraba que los consejos de guerra realizados durante el periodo de la dictadura eran “ilegítimos” pero no “ilegales”, no siendo esta terminología baladí a la hora de analizar la dictadura. Además se daba carpetazo con la Ley de Amnistía de 1977, que enterraba cualquier crimen de la dictadura, volviendo a equiparar a ganadores y perdedores de la contienda civil.

A pesar de ello se realizaron multitud de actos, homenajes, exhumaciones de fosas, etc., que contaron solo con el apoyo de las organizaciones civiles y de la memoria.

15-12-07 MH

¿Y los anarquistas que han hecho a este respecto?. La tarea de los libertarios ha sido diversa. Tanto dentro de las organizaciones clásicas del movimientos libertario como de las respectivas fundaciones de los distintos sindicatos, se ha impulsado un interesante e intenso trabajo de recuperación de la memoria libertaria. Publicaciones de libros, participación en distintas plataformas, etc. Además muchos libertarios se han integrado también en algunas de las asociaciones memorialistas de ámbito estatal, lo que ha signficado que la pata libertaria ha quedado cubierta en muchas de esas iniciativas.

Pero el trabajo sigue pendiente. Hay muchas cosas más que hacer y se debe establecer un plan de trabajo de incidencia en el plano de la memoria histórica. Un proceso que abarque desde la recuperación y reivindicación de los valores libertarios, de la lucha de los libertarios contra la dictadura y contra el olvido, pero que también convierta a los libertarios actuales en protagonistas, en agentes activos en la recuperación de la memoria. Y estas reivindicaciones tienen dos planos de actuación. Una interna, de formación permanente sobre el pasado. Y una externa, que abarca desde actividades públicas hasta relación con otras asociaciones del ámbito de la memoria e incluso con las instituciones para reivindicar el pasado.

A nivel interno lo que se detecta en el movimiento libertario desde la travesía en el desierto de la década de 1980, es una importante falta de formación en sus militantes. Y esa falta de formación parte de un desconocimiento del propio papel del movimiento libertario. Una desinformación consecuencia de la dura represión represión franquista y de los problemas de la Transición española. Sentar las bases y los pilares históricos de los que fue la formación, evolución y climax del movimiento libertario significaría conocer mejor los aspectos actuales. Porque si por algo se distinguió a los libertarios antes de la derrota de 1939 fue precisamente el pragmatismo con el que daban lectura a las cuestiones del momento. La formación política e histórica es la base fundamental en el interior de cualquier organización. Esa formación política tiene que tener como finalidad mostrar la máxima de que de la ilegalidad del régimen franquista (producto de un golpe de Estado en julio de 1936) procede la legalidad del actual. Que existe un continuismo político.

De cara al exterior los libertarios tendrían múltiples trabajos. Por una parte plantear que en otros momentos históricos el protagonismo de los libertarios les llevó a conquistar e impulsar una de las revoluciones más profundas que se ha conocido en la historia de la humanidad. Porque en muchas ocasiones la reinvidicación de la memoria histórica se reduce a una mera recuperación de la llamada memoria democráticas y antifascista. Los libertarios tienen que ir un paso más alla y de reivindicar de cara al exterior su peculiaridad. Algo que sirve en la actualidad para mostrar que las cosas se pueden hacer de otra manera.

Pero junto a esta reivindicación, no hay que olvidar que los libertarios estuvieron en el campo antifascista, que lucharon tenazmente contra la dictadura franquista y contra el fascismo y el nazismo. Unas veces en solitario y otras en coalición. Esto nos tiene que llevar a poder participar de diversas plataformas, actos, organizaciones, etc., donde se trabaja esos ámbitos. Es quiza en el plano de la memoria donde sentarse a debatir y trabajar en común con otras organizaciones e ideologáis del campo del antifascismo no tiene que generar ningún problema. En esos ámbitos tenemos mucho que ganar y poco o nada que perder. Se plantea la memoria libertaria y se honra la lucha de los antifascistas en su totalidad. Porque como decían viejos libertarios madrileños, delante del pelotón del fusilamiento se diluían las ideologías. El fascismo asesinó a todos por igual.

Por último la proyección exterior no tiene que descartar la posibilidad de entrar en negociacioón con instituciones para poder honrar la memoria. Esas instituciones periclitadas de un sistema en descomposición han sido participes del olvido. No existen, salvo excepciones, lugares de la memoria. Hay que reivindicar esos lugares de la memoria. Presionar a Ayuntamientos y diputaciones para que dignfiquen esos lugares. Fosas comunes, paredones de los cementarios, lugares donde se produjeron avances para la clase obrera, sitios donde la lucha por la libertad tuvo un lugar destacado, etc. Se han realizado interesantes iniciativas en otros lugares (paseo por la arquitectura republicana en Madrid, paseo por el Alcalá obrero, paseo por la Córdoba obrera, el autobús del anarquismo, etc.) Una presión sobre las instituciones para recuperar esos lugares es fundamental. De no conseguirlo la sociedad civil siempre lo va a hacer. Y los libertarios tenemos que estar participando en todos los ámbitos. ¡Ojo!, presionar a la institución no quiere decir participar de ella. Nos encontraremos con Ayuntamientos que quieran reunirse y otros que no nos harán ni caso.

Para todos estos casos los libertarios tienen, igualmente, que formar un buen equipo de profesionales y conocedores de la materia. Historiodores, sociólogos, antropólogos, arqueólogos, etc., que en conocexión con el conjunto de la sociedad civil muestre que los libertarios van en serio en este tema.

En definitiva la memoria es un campo que los libertarios no deben desdeñar. En él están las bases, los cimientos, los fundamentos que tienen que expandir toda la complejidad de una organización que pretende transformar la realidad.

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